La novillada de Carriquiri puso el broche taurino a las fiestas de El Álamo con una terna de jóvenes valores formada por Sergio Rollón, Javier Cuartero y Rafael de la Cueva.
La plaza de toros de
El Álamo (Madrid) vivió este sábado una tarde de oportunidades y contrastes con
una novillada de Carriquiri para Sergio Rollón, Rafael de la Cueva y Javier Cuartero. El balance de la jornada tuvo un claro protagonista:
Rafael de la Cueva, que salió a hombros tras cortar
dos orejas a su primer novillo.
De la Cueva fue el nombre propio de una tarde en la que mostró ambición y disposición desde el primer momento. Su actuación ante el primero de su lote le permitió desplegar su concepto y aprovechar las posibilidades que le ofreció el de Carriquiri. La faena fue creciendo en intensidad y el novillero madrileño terminó convenciendo a los tendidos, rubricando su actuación con la espada para hacerse con las dos orejas.
Con el triunfo ya asegurado, De la Cueva volvió a demostrar su actitud ante el sexto de la tarde. Aunque en esta ocasión la faena no alcanzó el mismo nivel de premio, mantuvo la disposición y buscó hasta el final las opciones del novillo. La espada condicionó el resultado y recibió finalmente una ovación, cerrando así una tarde en la que dejó el nombre de mayor relieve.
También tuvo recompensa Sergio Rollón, que cortó una oreja a su segundo novillo. El madrileño mostró una actitud seria y buscó siempre construir faena frente a una novillada que exigía oficio y capacidad para aprovechar las opciones. Tras escuchar silencio en su primero, encontró en el segundo de su lote mayores posibilidades para mostrar su tauromaquia y terminó obteniendo el reconocimiento de los tendidos.
Para Javier Cuartero la tarde tuvo un desenlace más complicado. El novillero se enfrentó a sus dos ejemplares con disposición, pero no consiguió traducir su esfuerzo en trofeos. La espada y la condición de sus oponentes terminaron pesando en el balance final, escuchando silencio en ambos.
El encierro de Carriquiri dejó una tarde de contrastes, en la que los novilleros tuvieron que buscar las opciones de cada animal y resolver las dificultades propias de una novillada con picadores. La diferencia estuvo en la capacidad de aprovecharlas y, en ese apartado, Rafael de la Cueva fue quien consiguió sacar mayor partido a su lote.
Una tarde, en definitiva, en la que De la Cueva dio un paso adelante y se llevó el premio gordo de El Álamo. Su actuación, respaldada por dos orejas, le convirtió en el gran triunfador de una novillada en la que Rollón también dejó su firma con un trofeo y Cuartero tuvo que conformarse con el silencio.