José María Garzón abre una nueva etapa en Sevilla con una Feria de Abril que ha devuelto la emoción, el lleno y la ilusión a la afición
Hablar con José María Garzón después de esta Feria de Abril es encontrarse con un empresario satisfecho, pero también con un aficionado que todavía sigue emocionado por lo vivido en la Maestranza. Sevilla ha cerrado una de esas ferias que dejan huella, de las que se recordarán durante mucho tiempo por lo ocurrido en el ruedo, por la respuesta del público y por la sensación general de que algo ha cambiado en la plaza sevillana.
Garzón reconoce que ni siquiera él esperaba una respuesta tan rotunda. “La feria ha superado cualquier expectativa”, comenta todavía con la intensidad de quien acaba de salir de una batalla larga. Y no es para menos. La temporada sevillana ha tenido de todo: figuras entregadas, jóvenes que han dado un golpe sobre la mesa y una afición volcada desde el primer día.
La imagen de Morante de la Puebla firmando una de sus mejores ferias en Sevilla queda ya para la historia reciente de La Maestranza. También la de Roca Rey jugando literalmente la vida en una actuación de máxima exposición y entrega. Para Garzón, ambos han marcado el nivel de un ciclo extraordinario. “Lo de Morante ha sido histórico y Roca Rey demostró otra vez que está en ese escalón reservado a las grandes figuras”, asegura.
Pero la feria no se sostuvo únicamente sobre los nombres consagrados. Uno de los aspectos que más satisfacción le produce al empresario es la irrupción de toreros jóvenes que han aprovechado Sevilla para reivindicarse. David de Miranda, Borja Jiménez, Víctor Hernández o Aarón Palacio han sido algunos de los nombres que más han calado entre los aficionados. “Han pasado muchas cosas importantes prácticamente todos los días”, explica Garzón, recordando que el cambio de ambiente ya comenzó desde el Domingo de Resurrección.
Otro de los grandes triunfadores de este ciclo ha sido el propio público. La respuesta en taquilla ha superado cualquier previsión con nueve carteles de “No hay billetes” y varios llenos absolutos. La apuesta por atraer gente joven también ha funcionado. Garzón destaca especialmente el éxito del abono juvenil y la conexión que se ha generado entre la plaza y una nueva generación de aficionados.
Además del ambiente en los tendidos, el empresario pone el foco en el nivel ganadero de la feria. Hacía tiempo que en Sevilla no se veía una regularidad tan alta en el comportamiento del toro. “Han embestido muchísimos toros y eso no es nada fácil en una feria tan larga”, comenta. Aunque admite que todavía hay aspectos por mejorar, especialmente en la presentación de algunos animales, insiste en que la sensación general ha sido de una feria de enorme nivel.
Garzón también quiso agradecer el trabajo de todo su equipo, el respaldo de los profesionales y la confianza de la afición sevillana. Durante la conversación deja claro que su intención no pasa por una feria aislada o un éxito puntual. Su idea es consolidar un proyecto a largo plazo que mantenga viva esta línea de crecimiento.
En ese camino también entra la continuidad de la Real Venta de Antequera, una de las iniciativas mejor recibidas este año alrededor de la feria. “La idea es que siga y que se quede”, afirma convencido.
Más allá de los números y de los titulares, lo que realmente transmite José María Garzón es la sensación de haber devuelto ilusión a Sevilla. Habla continuamente de los aficionados, de escuchar a los abonados, de abrir la plaza y de apostar por los jóvenes. “Soy empresario, sí, pero me tira muchísimo la parte de aficionado”, reconoce.
Y quizá ahí esté una de las claves de esta nueva etapa que acaba de arrancar en La Maestranza. Sevilla vuelve a sentir que su feria tiene alma.