Rubén Pinar y Cristian Pérez firman tres orejas cada uno ante una seria y desigual corrida de La Quinta; Román corta una oreja y demuestra su oficio ante un lote exigente.
Casas Ibáñez (Albacete), vivió este viernes una de esas tardes de toros que dejan huella. En plena celebración de sus fiestas de San Agustín, la plaza se vistió de gala para recibir una corrida de La Quinta, seria y de juego desigual, que terminó ofreciendo una jornada de triunfo con siete orejas en el esportón de la terna y dos salidas a hombros.
Rubén Pinar y Cristian Pérez fueron los grandes protagonistas de una tarde en la que Román también dejó constancia de su oficio y capacidad para sobreponerse a las dificultades.
Rubén Pinar abrió plaza ante un ejemplar de escasa entrega, al que tuvo que hacerle las cosas con paciencia, conocimiento y precisión. El torero manchego fue ganando terreno poco a poco hasta construir una faena basada en el temple y en la búsqueda de las mejores embestidas. Sin encontrar demasiadas facilidades, Pinar resolvió con solvencia y, tras una estocada eficaz, paseó la primera oreja de la tarde.
Lo mejor de su actuación llegaría con el cuarto, un toro serio, bien armado y de notable clase que permitió al de Tobarra desplegar una tauromaquia más reposada y profunda. Pinar entendió desde el comienzo las condiciones del animal y consiguió llevarlo con suavidad, alargando los muletazos y construyendo una faena que fue creciendo en intensidad. La espada puso el broche a una actuación de mucho peso y la respuesta de los tendidos fue contundente: dos orejas. Tres trofeos en su conjunto y una merecida salida a hombros.
Román tuvo que enfrentarse en primer lugar a uno de los toros más complicados de la tarde. El segundo de La Quinta mostró pronto sus dificultades y llegó a la muleta sin apenas opciones de lucimiento. El valenciano tuvo que tirar de oficio y responsabilidad para resolver una papeleta especialmente comprometida. La faena se convirtió en un ejercicio de esfuerzo y profesionalidad que terminó con silencio tras dos avisos.
Mucho más pudo hacer con el quinto, otro ejemplar exigente que obligó a Román a mantenerse siempre muy atento y a trabajar cada embestida. El torero supo darle distancia y encontrar poco a poco la forma de alargar los viajes del animal. Cuando consiguió imponerse a las dificultades llegaron los momentos de mayor lucimiento. Una estocada contundente puso fin a la faena y, pese a que el toro necesitó posteriormente el descabello, la petición del público terminó traducida en una oreja.
Cristian Pérez fue otro de los grandes triunfadores de la tarde. El torero mostró desde el primer momento una actitud ambiciosa y decidida ante su primero, un toro poderoso y exigente al que hubo que plantear una faena de firmeza y determinación. Cristian no dudó en apostar y consiguió imponerse a las dificultades hasta encontrar los momentos de mayor emoción. Un extraordinario estoconazo puso el punto final y el público solicitó con fuerza los trofeos. El palco concedió las dos orejas.
Con el sexto volvió a demostrar su disposición. El último de La Quinta tampoco regaló nada y exigió al torero concentración, valor y firmeza. Cristian Pérez volvió a dar la cara, buscando hasta el final las posibilidades de un animal que planteó dificultades. Tras un pinchazo y una segunda estocada certera, cortó una nueva oreja, sumando tres en su tarde y acompañando a Rubén Pinar en la salida a hombros.
La corrida de La Quinta, bien presentada y con variedad de comportamientos, puso el contrapunto necesario a una tarde en la que los toreros tuvieron que ganarse cada trofeo. El cuarto destacó especialmente por su clase y nobleza, mientras que otros ejemplares exigieron una mayor dosis de técnica y oficio.
Al final, siete orejas fueron a parar a manos de la terna: tres para Rubén Pinar, una para Román y tres para Cristian Pérez. Dos nombres quedaron especialmente destacados en el balance final, Pinar y Cristian, que abandonaron la plaza a hombros después de protagonizar una tarde de entrega, ambición y triunfo.
Casas Ibáñez despidió así una jornada taurina marcada por la emoción y por el buen ambiente, con la satisfacción de haber vivido un festejo que tuvo en el triunfo de sus toreros su mejor colofón.